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Somos Millones... Hermanos Mejía Godoy

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Las primeras imágenes corresponden a una movilización en la Ciudad de Bs.As -2008- en solidaridad con la lucha del pueblo boliviano...
Dedicado a los irreductibles pueblos del mundo que, haciendo a un lado las fronteras, combaten por la libertad y la verdadera independencia económica, social y cultural...
A Julio López, Luciano Arruga, Otoño, y tod@s los desaparecidos en democracia...
La música es del nicaragüense Mejía Godoy.

Contigo - Fito Páez y Joaquín Sabina

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Del nuevo disco de Fito No se si es Baires o Madrid, registrado el 24 de abril de 2008 en el Palacio de los Congresos, Madrid, España.

El alma de los verdugos - 1º parte




Baltasar Garzón y Vicente Romero retratan la represión argentina en "El alma de los verdugos"
El documental explora la manera de ser, pensar y sentir de los torturadores y cuenta con testimonios sobrecogedores de víctimas y verdugos.

Nota de Seguimos Cantando: Cabe destacar que luego del Pacto de La Moncloa, el Estado Español planteó una "reconciliación nacional" que pretendió ocultar los crímenes de lesa humanidad cometidos por el franquismo. Esto es, el perdón a los verdugos para el repunte del capital.
La reconciliación nacional, que no es mas que la subsunción de las clases populares con respecto a los sectores dominantes, implica un retroceso en lo que a DDHH concierne.
B. Garzón debería, sumado a su positivo accionar en relación a la dictadura fascista argentina, ahondar en la memoria histórica de los países ibéricos subsidiando el reclamo de Juicio y Castigo, sin perdón ni olvido, que ha opacado el monárquico Estado español.

Fito Páez - Del 63 (1984)



  1. Del sesenta y tres
  2. Tres agujas
  3. Viejo mundo
  4. La rumba del piano
  5. Cuervos en casa
  6. Sable chino
  7. Rojo como un corazón
  8. Canción sobre canción
  9. Un rosarino en Budapest

Este es el primer disco de Fito... ¡Cómo no tenerlo en cuenta si nos acompañó durante nuestra infancia, nuestras primeras canciones, los más lindos besos y amores!

Ricardo Vilca... por siempre



Por Karina Micheletto

La Quebrada de Humahuaca es inaprensible para el ojo del visitante. Un pueblo como Huamahuaca lo es, así fijado en el tiempo y el espacio, una perfecta postal de tonos ocres. Uno puede ir y volver a la Quebrada, admirar una y otra vez tanta belleza distinguible de lo conocido, pero nunca alcanzará a capturarla del todo. Los ojos del que llega siempre serán extranjeros, extrañados; tanto más si son los de esos visitantes que pretenden no serlo, en ese gesto siempre patético del disfrazado. El oído del visitante, en cambio, es capaz de captar algo de todo ese paisaje inaprensible; puede guardarlo en la memoria como una presencia cierta, verdadera. La música tiene esa virtud poderosa: la de tender puentes, y hasta hacer desaparecer distancias. Ricardo Vilca fue uno de los que ofrecieron, desde la Quebrada, algunos de esos puentes posibles. Refinada y típica a la vez, sabia, podría decirse, jamás domesticada, su música fue para muchos una forma de descubrir, conocer y admirar el paisaje quebradeño. Ricardo Vilca falleció ayer a los 54 años, tras sufrir una neumonía que derivó en complicaciones hepáticas. Su música seguirá contando y cantando a la Quebrada más allá de las fronteras regionales, aun cuando el mismo autor no quiso, no supo o no pudo dejar Humahuaca para encarar lo que hoy se conoce como carrera artística.

Entre los puentes que tendió Ricardo Vilca están los que llegaron a los más jóvenes junto a la música de Divididos o de León Gieco. Los primeros incorporaron, no bien lo descubrieron, su tema “Guanuqueando” (que Vilca había compuesto en honor a su amigo, el instrumentista Carlos Guanuco), invitándolo a tocar con ellos en varias ocasiones. Gieco le puso letra a su “Plegaria de sikus y campanas”, con un nuevo nombre, “Rey mago de las nubes”. En Humahuaca, y en ocasiones especiales como la fiesta del Tantanakuy, a Vilca lo hacía feliz mostrar esta obra con las campanas de la iglesia principal de su pueblo, las mismas que, según explicaba, influían determinantemente en la musicalidad con la que parecen nacer dotados todos los lugareños, que “escuchan y aman este sonido desde la panza de las guaguas”, según decía Vilca, en el tono bajo de su voz.

Hijo de un empleado del ferrocarril que fue maquinista de una locomotora a vapor, Vilca fue incorporando a su música los sonidos que lo rodeaban. El viento y el silencio profundo de la Quebrada, el vuelo de las aves y el andar de las llamas, y también las campanas de la plaza, o el tren que llevaba a su padre, suenan en su música. Por eso hizo canciones como “El último tren”, que llevan el sonido de la máquina en marcha. “En la Puna cada ruido merece su atención. Yo los escucho, me inspiro y los musicalizo”, explicaba en una entrevista a este diario. También supo incorporar la música clásica, que amaba y admiraba: en su “Homenaje a Bach”, por ejemplo, hizo sonar y bailar a Johann Sebastian en plena Puna.

Compositor, cantante, guitarrista, Vilca fue también maestro de música, un oficio que, ejercido en lugares como Humahuaca o Tilcara, lo transformó en maestro rural, y en San Salvador de Jujuy lo llevó al conservatorio. Tenía “estrategias” para enseñar. Entre otras, el Himno Nacional y “Aurora” en ritmo de carnavalito. “A los alumnos no les gusta cantar el Himno tradicional. Se aburren. En cambio así lo cantan, aprenden y se divierten”, explicaba. Contaba que su música también se había nutrido de su labor docente. Todos los domingos, religiosamente, actuaba en la Casa del Tantanakuy de Humahuaca, “un honor para el lugar”, tal como lo recuerda con agradecimiento el músico Juan Cruz Torres, coordinador de ese centro cultural.

Antes de hacer su propia música, Vilca tocó en conjuntos como Sonido Libre, donde abundaba la cumbia. Con el grupo Ricardo Vilca y sus Amigos grabó los discos Música del Altiplano. La Magia de mi raza (1993), Nuevo día (2000) y Majada de sueños (2003). Películas de distinta calidad también llevan su música, que en ocasiones termina siendo un paisaje más verdadero que el de esas imágenes consumidas por extranjeros con ganas de exotismo en museos de la Recoleta: Río arriba, de Ulises de la Orden (que sigue en cartel en el Malba); Una estrella y dos cafés, de Alberto Le-cchi; El destino, de Miguel Pereyra, que se estrena el próximo jueves. Entre los reconocimientos oficiales figura el que en 1983 recibió de la Unesco, por su contribución cultural a la Quebrada.

El municipio de Humahuaca declaró tres días de duelo con la bandera a media asta e invitó a un cese de actividades en el sector privado para despedir hoy los restos del músico. Ayer, mientras el sol se ponía, los amigos músicos de Vilca (los integrantes del grupo Ricardo Vilca y sus Amigos, pero también todos los músicos de Humahuaca, que, se sabe, son muchos) esperaban la llegada de los restos desde San Salvador de Jujuy, donde Vilca había sido internado hacía dos semanas. Iban a despedir al amigo con su música, transformando la pena en un baile compartido. (Tomado de Página/12, 20 de junio de 2007)




Guanuqueando (dedicada a Carlos Guanuco)

Verteros de labios quebrados
Zampoñas y quenas sonando
Antiguo respiro en la boca
Besos, besos de mi raza.
Perdido en la noche el silencio
La tarde que se hace distancia
Misterios que el tiempo descifra
Ése, ése es su respiro.

Siento, quenas que en el viento huyen
Trayendo amores y silencios de las peñas
Que encierran el sol en su corazón.

Entre airampos de luna
Zampoñas que en el viento huyen
En viaje buscando el cielo un cóndor va
Como mi ser resucitará buscando la luz.

Siento quenas que en el viento huyen
Trayendo amores y silencios de las peñas
Que encierran el sol en su corazón.




La Conversa - El Agujero (2005)



  1. Mi retrato
  2. El agujero
  3. Para ser tamborero
  4. La atrapada
  5. Tu misterio
  6. Cada persona
  7. Reina verde
  8. El suceso
  9. Bienvenida
  10. Lo que quiera encontrar
  11. Zamba nocturna
  12. La PerezSosa
  13. Reseña de una mosca
  14. La plaza, las moscas
  15. Pozo profundo
  16. Adelante
  17. De la montaña
  18. Procesión

Mi Retrato


Miro mis ojos y veo los tuyos,

llevan el brillo de tu inspiración.

Miro en mis ojos el azul del cielo,

y un barquito navega en mi cariño.


Miro mis ojos y veo los tuyos,

vuelo de colores sobre mi piel.

Miro mis ojos y veo los tuyos,

un arco iris pintado sobre tu cara,

tu pelo y mi alma.


Miro mis ojos, veo los tuyos,

en mi retrato, tu corazón.


Y se ilumina el pincel, con cansancio fiel,

obrero de mil ojos de miel.


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Silencio



La vida, tan compleja ella, ofrece distintas posibilidades sobre el silencio.

Silencio por un duelo, silencio por la soledad en que nos encontramos, silencio porque no hay nada que decir, silencio como parte de la notación musical…

Pero el silencio no es unívoco, no reconoce un solo significado. El silencio es una construcción cultural, un modo humano de ver, entender y reaccionar ante ciertos eventos, ante ciertas “cosas” de la vida.

Podemos asegurar, de todas maneras, que el silencio no es la ausencia de sonido.

De ninguna manera.

El silencio habla.

El silencio grita, aturde.

El silencio es a veces la ominosa, oscura, vergonzante, temblorosa cortina de las agachadas, de las miserias personales o sociales.

¿O no grita el silencio que reina sobre los campos de concentración, ahora vacíos, en cualquier parte del mundo?

¿O no dice el silencio que muchos asesinos guardan ante la acusación, ante el veredicto o ante la mismísima impunidad?

Jaque al Rey cree que el silencio calla lo que no se puede o no se quiere gritar. Y sin embargo, grita… vaya contradicción ¿no?.

TODAS las sociedades tienen silencios.

Mala noticia.

Muy mala noticia.

Julio López está tapado de silencio y sin embargo grita…

¿Escuchás?


Ayudanos a romper la cadena de silencio que rodea la desaparición de Julio López. Reenvía este mensaje a todos tus contactos. Entre todos podemos mover el tablero. Jaque al Silencio. Jaque al Olvido. Jaque al Rey. (www.jaquealrey.org)


Luna Monti y Juan Quintero - Lila (2006)



  1. Garzas viajeras.
  2. Verde romero.
  3. Confesiones del viento.
  4. Cuando.
  5. El Cosechero.
  6. Rosario Pastrana.
  7. De ida y vuelta.
  8. Yerba buena.
  9. Caminito.
  10. Maricón.
  11. Canción de mi ciudad.
  12. Airé seré.
  13. Al cimbrar de la vida.
  14. Chipá.
  15. Por la calle abajito.
  16. El niño caníbal.
  17. Puentes.
  18. Gato castigao.
  19. Versos chiquititos.

Este es el último trabajo del dúo tucumano que actualmente reside en Buenos Aires. Para quienes no lo conocen, recomendamos escuchar atentamente los arreglos de una de las canciones más lindas del disco, Cuando, compuesta hace ya unos cunantos años por Jorge Fandermole, canta autor nativo de Rosario, provincia de Santa Fé. Puentes y Versos chiquititos son otras de las canciones bellísimas, con una poesía insoslayable; y Chipá, cuya letra describe la receta de la tradicional comida.
El disco está dividido en dos partes. La primera (temas 1 al 13), y una segunda parte especialmente pensada para los más chiquitos (14 a 19) En la edición original se presentan dos cd's con la misma división.




Urubamba (1973)


Era el año 1965 y el grupo “Los Incas”, de Jorge Milchberg, estaba en su apogeo.
París
era, por aquel entonces, La Meca del folklore sudamericano, al que se sumaban todos los músicos llegados de allende los mares, bien en peñas, o por las calles del Barrio Latino parisino; especialmente en el punto de encuentro por ellos preferido: L´Escala.
Fue entonces cuando, en el transcurso de un concierto en el Théâtre de l'Est Parisien , coinciden en concierto con el músico Paul Simon, del dúo Simón y Garfunkel, que les propone hacer una producción, deslumbrado por su sonido, y pasan a llamarse, por cuestiones legales, Urubamba .
Esta coincidencia cambiaría sus vidas para siempre.
Jorge Milchberg, su director, compuso y arregló muchísimos temas, pero uno en particular le daría la fama mundial: la recopilación de una melodía tradicional del folklore peruano, datada en el S.XVIII, titulada “Soy la paloma que el nido perdió”, a la que Paul Simon puso la letra en inglés (If I could, como aparecería posteriormente en sus discos).
Posteriormente Urubamba colaboró en otras canciones del músico americano, como Duncan, y grabaron temas en vivo, además del famoso Cóndor Pasa, como Kacharpari, o “Muerte en Santa Cruz”, todos ellos reflejados en el álbum doble “PAUL SIMON IN CONCERT LIVE COMPOSIN' AND THE BAND", grabado en vivo en el Tokyo Budokan, de Japón, el 20 de febrero de 1974, así como en otro disco titulado Live Rhymin´, también en riguroso directo.
El grupo que realizó las giras mundiales lo formaban, Jorge Cumbo, un músico argentino que llegó a París como aventurero y aprendió a tocar la quena en las peñas y en la calle, Emilio Arteaga, un uruguayo que empezó con la percusión y alcanzaría con el tiempo gran maestría en el charango y en otros instrumentos como la antara (flauta de pan), Uña Ramos, un humahuaqueño que alcanzaría gran fama posteriormente como solista debido a su particular sonido en la quena, y Jorge Milchberg, en charango y dirección dirección.
Aunque esta misma formación, en ese orden, se puede ver en la fotografía que aparece en la portada del disco “Urubamba”, este magnífico y único trabajo discográfico que tiene el grupo lo grabaron en 1973 los siguientes músicos : Martín Torres a la guitarra, Uña Ramos, flautas , y Jorge Milchberg en el charango y dirección , contando con la participación del talentoso percusionista Airto Moreira, y sobre todo la ayuda inestimable de Paul Simon en la cabina de sonido y Phil Ramone en la técnica.....

( tomado de http://galeon.hispavista.com/tinobbrodard2/)

  1. Urubamba.
  2. El corazón del Inca.
  3. Canten cantores.
  4. Fugitivo en el altiplano.
  5. El eco.
  6. Caballo de madera.
  7. Kacharpari.
  8. Campanas de Santa Cruz.
  9. Buena nueva.
  10. Para Pelusa.
  11. Uña.

Aniversario de “La noche del apagón” en Ledesma.

“En esa época, quien disponía de la energía para todos los pueblos era el ingenio Ledesma, ellos eran quienes distribuían la luz”, explica Julio Gutiérrez, miembro de CAPOMA (Centro de Acción Popular Olga Márquez Arédez por los Derechos Humanos).

Esta organización funciona actualmente en una parte de la casa de Olga Márquez de Arédez, una luchadora incansable que falleció en 2005, esposa del médico Luís Arédez, quien fue arrancado de su casa la noche del 27 de julio.

La vinculación entre el ingenio Ledesma y el accionar del aparato represivo fue denunciada por numerosos testigos y no se limitó solamente a facilitar los cortes de luz para que el operativo quedara en la sombra.

“Corrí hasta mi casa y vi las camionetas de Ledesma actuando con total impunidad, acorralando gente y llevándosela en sus móviles. Luego eran conducidas a la base de Gendarmería que estaba adentro del ingenio”, testificó Ricardo Arédez, hijo de Luis y Olga.

Las 400 personas que se secuestraron esas noches tuvieron diferentes destinos. Algunas fueron trasladadas al penal de la ciudad de Jujuy, y muchas de ellas derivadas al centro clandestino de detención Guerrera. Algunas fueron liberadas a los pocos días, otras paseadas por varias cárceles y centros clandestinos del país durante meses, y treinta continúan desaparecidas.


Ernesto Saman, uno de los que vivió para contar la historia

Fue uno de los centenares de secuestrados y detenidos entre la semana del 20 al 27 de julio de 1976 en Ledesma. En diálogo con télam.com.ar, relató los momentos de terror que vivió durante su cautiverio.

Ernesto Saman fue una de las casi 400 personas secuestradas y detenidas entre la semana del 20 al 27 de julio de 1976 en el partido de Ledesma, Jujuy. Después de pasar por distintas unidades penales y por el centro clandestino de detención Guerrero, fue liberado en abril de 1978.

“Las marcas son de todo tipo, físicas, psicológicas y sociales, porque todavía hoy la sociedad de Ledesma sigue siendo muy cerrada”, explica Ernesto, a quien todavía le tiembla la voz cuando comienza a relatar los hechos. En aquel entonces tenía 23 años y era empleado administrativo en el ingenio Ledesma. Estaba casado y tenía un bebé de siete meses.

Cuando el 20 de julio de 1976 se produjo el primer apagón, él se encontraba festejando el cumpleaños de su madre en la casa de ella. Al principio no los sorprendió, así que sacaron velas y continuaron con el agasajo, pero a los pocos minutos comenzaron a escuchar el movimiento de los autos que frenaban y arrancaban velozmente, y seguido a esto los gritos y los ruidos de las puertas pateadas. Entonces comenzó a invadirlos el miedo y Ernesto decidió que pasarían la noche allí.

Al día siguiente, cuando fue a su casa –vivían con su abuela- le dijeron que lo habían ido a buscar a la noche y que le habían dejado una nota diciéndole que se presentara a la seccional 24 de policía. Y Ernesto, que ni siquiera sospechaba que Argentina estaba en el mismo infierno, se presentó.

“Ahí me dijeron que quedaba detenido a disposición de las autoridades militares, y me enteré del raid de la noche anterior. Escuché que habían levantado por lo menos a 200 personas y que algunos ya habían sido trasladados a Jujuy”, recuerda.

A las 14 fue trasladado a la central de policía de Jujuy, a donde lo ingresaron por la puerta de atrás. Allí, el jefe de la central de operaciones de la policía, Ernesto Jaig, y el subcomisario, Damián Vilt lo recibieron a golpes, le ataron las manos, y lo tiraron sobre una cucheta donde pasó toda la tarde.

Antes de la noche lo trasladaron en un Ford Falcón del Ejército a su futuro destino: el centro clandestino de detención Guerrero. “Eso lo pudimos identificar recién en 1984, porque alcanzamos a ver que íbamos por la ruta 9”, explica.

El número 56

Al llegar a Guerrero, Ernesto se convirtió técnicamente en un desaparecido. Su familia desconocía su paradero, estaba incomunicado y al ingresar le quitaron el documento y asignaron un número.

“A partir de ahora sos el 56”, recuerda y agrega: “Te juro que todavía tiemblo cada vez que lo cuento. Yo llegué a escuchar hasta el número 108”.

Después de sacarle los pocos objetos personales que le quedaban lo tiraron sobre otras personas y recién entonces comenzó a reconocer gente y empezó a entender que estaba secuestrado, lejos de los derechos civiles y lejos de la libertad.

La historia allí adentro es conocida porque el accionar del aparato represivo, que incluía tortura física y psicológica, fue un común denominador de todos los centros clandestinos que se extendieron de norte a sur del país.

Vendados, tabicados, golpeados, hacinados, hambrientos, desposeídos de sus bienes y de sus identidades, muchos de los desaparecidos de los apagones estaban en Guerrero, resistiendo el dolor.

“El obispo José Miguel Medina estaba en las salas de tortura. Yo escuché que estaban llevando a declarar y pedí que me llevaran porque quería explicarles que yo ya no militaba en ningún lado. Se declaraba al lado del baño, en una habitación donde había un tipo que te hacía preguntas mientras los demás te torturaban”, explica detalladamente, sin poder y sin querer borrar los detalles de su mente.

“Yo creo que pensaron que estaba vinculado con la guerrilla tucumana porque yo había estudiado en Tucumán, pero yo no militaba. Y obviamente no me creían. Yo estaba vendado pero me ponían delante a compañeros que me acusaban de estar en el ERP que seguramente estaban presionados. Hasta que uno dijo que yo no andaba en nada”, cuenta.

Allí estuvo 13 días, hasta que al principio de agosto, los trasladaron de vuelta a la policía central. Y de ahí a la comisaría de Villa Gorriti en Jujuy donde quedaron a disposición del PEN.

Aparecidos, pero subversivos

Cuando llegaron a las celdas que tenían asignadas en la comisaría había un cartel arriba que decía “subversivos”. Dos semanas después volvieron a ver al obispo Medina, quien en su homilía no perdió el hábito de “apretarlos”.

“Muchachos, ustedes no hablaron y tienen que hablar, yo me ofrezco a pasar por cada celda a escucharlos. Lo que las fuerzas de seguridad están haciendo es por la patria”, les dijo, esta vez, amistosamente.

Como eran presos “legales” podían tener comunicación con la familia por carta.

El 7 de octubre los trasladaron nuevamente, esta vez a la Unidad 9 de La Plata. “Allí llegamos 78 hombres jujeños, entre ellos el médico Luis Aredes. A las mujeres que habían estado con nosotros en Guerrera las llevaron a Devoto. Allí nos trataron mejor porque estaba Amnesty y la Cruz Roja Internacional que iban de visita al penal”.

Y vueltos a desaparecer

En julio de 1977 el presidente de facto Jorge Rafael Videla inició una “gira” por el norte del país. Como una forma de asegurarse que no fuera a haber ningún atentado –sobre todo en la zona noroeste- las fuerzas armadas trasladaron como “rehenes” a dos o tres personas de las distintas provincias que conforman el Tercer Cuerpo del Ejército.

Entre ellos estaba Ernesto, quien fue sacado de la U9 de La Plata, y llevado hasta Córdoba, donde se encontró con compañeros de otras localidades.

“Lo hicieron sin decirle nada a nuestra familia, para quienes volvíamos a estar desaparecidos, fue terrible para ellos, y también para nosotros, porque en cada traslado pensábamos que nos iban a matar – recuerda – cuando llegamos a destino nos informaron que éramos rehenes y que si le pasaba algo a alguien del ejército nos fusilaban. Esos días estuvimos incomunicados”.

¿El fin de la odisea?

En octubre de 1977 lo llevaron a Sierra Chica, Partido de Olavarría, en Buenos Aires. Fue una nueva aparición. Allí los detenidos reanudaron el contacto con sus familias, les permitían salir al patio a tomar sol y hasta les dejaban leer el diario.

“Un día leo en el periódico que me iban a liberar. Empiezo a preguntar y me dicen que sólo falta la aprobación del ejército”, explica.

La libertad llegó el primer domingo de abril de 1978. “Salimos con dos compañeros, no teníamos ni plata, ni ropa. Era un domingo, me acuerdo perfecto porque era día de visita. Lo primero que hicimos fue ir a un bar y pedir una gaseosa, y la gente se agolpaba para pagarnos, fue muy emocionante”, recuerda.

De Olavarría, Ernesto fue primero a Buenos Aires, y después consiguió ir a Córdoba con un compañero. Allí durmió una noche, y consiguió pasaje para ir a Jujuy en tren.

“Cuando llegué a Jujuy mucha gente se había ido. Yo decidí quedarme porque allí estaba mi mujer con mi hijo”, explica justificando su permanencia. Y agrega: “Nos costó mucho insertarnos socialmente Cuando me veía venir la gente cruzaba de vereda y no faltó quien comentara por lo bajo ‘algo habrán hecho’”.

Al poco tiempo consiguió nuevamente empleo en el Ingenio Ledesma, pero ahora como obrero de limpieza. Luego pasó a ser ayudante químico. Hasta que en 1981 tuvo la posibilidad de hacer un curso de Educación Física y comenzó a dar clases a la vez que a estudiar para maestro de grado. Finalmente se recibió y dio clases en Libertador General San Martín.

“Acá una de las peores cosas que dejó la dictadura fue la cultura del miedo. Yo tuve un poco de miedo al principio, pero cuando las vi a las madres luchando enseguida me plegué a ellas”, explica.

Hoy, además de ser un reconocido docente del pueblo, es uno de los sobrevivientes que trabaja en la lucha por mantener viva la memoria y por buscar justicia


Olga Márquez de Arédez, un pilar de la lucha

Fue uno de los signos más emblemáticos de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia. Desde que organizó en 1983 la primera marcha para reclamar por la aparición de su esposo hasta que murió, en 2005, no dejó de dar testimonio.

Olga Márquez de Arédez fue uno de los signos más emblemáticos de la lucha por la memoria, la verdad y la justicia de Ledesma. Desde que organizó en 1983 la primera marcha alrededor de la plaza para reclamar por la aparición de su esposo - secuestrado el 27 de julio de 1976 en una de las noches de Los Apagones- hasta que murió en 2005, no dejó de dar testimonio.

El matrimonio Arédez, Olga y Luis, llegaron a Libertador Gral. San Martín en 1958. Venían de su tierra natal, Tucumán, pero decidieron probar suerte en esa parte del noroeste argentino.

Al poco tiempo de llegar, Luis consiguió trabajo en el Ingenio Ledesma, empresa que controlaba y -aún controla- la economía de la zona. Él era médico y su primer enfrentamiento con los dueños de la firma fue por reclamar mejoras en las condiciones sanitarias de los trabajadores de la zafra. Pero esta no fue su única “conducta sospechosa” ante los ojos de sus patrones: también brindaba atención gratuita a las familias pobres.

Unos meses más tarde fue despedido por “proporcionarle demasiados medicamentos a los empleados”. La relación con el Ingenio Ledesma había terminado, o al menos eso era lo que Arédez creía.

Por su trabajo social, rápidamente fue querido y respetado en el pueblo, donde llegó a ser intendente hasta que, ni bien instalada la dictadura, fue secuestrado por unos meses y liberado. Pero poco tiempo después, el 27 de julio de 1976, fue llevado de su casa nuevamente, y esta vez en forma definitiva.

“Yo recuerdo que lo vi en octubre de 1977, cuando nos trasladaron de la cárcel de Villa Gorriti de Jujuy a la Unidad Penal 9 de La Plata”, señaló Ernesto Samán, un sobreviviente de “La noche del Apagón”.

Si bien algunos de sus compañeros han testimoniado que estuvo con vida hasta 1977, en un momento se perdió el rastro y hoy es un integrante de la lista de desaparecidos argentinos.

Fue entonces cuando Olga, quien había quedado sola con sus cuatro hijos, comenzó a luchar para averiguar dónde se encontraba su marido. Primero estuvo acompañada, pero con el tiempo, el miedo, la resignación o el cansancio se fueron apoderando de sus compañeras y se fue quedando sola.

“Recuerdo que la veía dando vueltas sola en la plaza cada jueves y me llamaba mucho la atención. Hasta que un día me acerqué y comenzamos a hablar y me contó su historia”, relató Julio Gutiérrez, miembro de CAPOMA (Centro de Acción Popular Olga Márquez Arédez por los Derechos Humanos).

Y así, pese a las advertencias que le hacían de que no se acercara a ella - aún cuando la dictadura había caído ya hacía al menos tres o cuatro años – Julio se hizo amigo de Olga y de sus hijos y, junto a otros jóvenes, empezaron a colaborar con las madres de Ledesma.

Pero además de la lucha por la aparición de su esposo, acompañó todos los reclamos de justicia que pudo e impulsó un juicio contra la empresa Ledesma para que cese la contaminación de bagazo –el desecho de la caña de azúcar- que los enfermó a ella y a tantos de sus vecinos.

Las jornadas anuales en memoria “La noche del Apagón” son también su legado, una actividad que hoy continúan quienes la conocieron, la admiraron y aprendieron de ella el valor de la militancia por los derechos humanos.

“Era una mujer con mucha fortaleza. Cuando nosotros nos emocionábamos ella nos decía: compañeros, ya hemos llorado bastante, ahora hay que seguir para adelante, hay que continuar con la lucha”, recuerda –emocionado- Samán.

Olga Márquez de Arédez murió en Tucumán, el 17 de marzo de 2005, como consecuencia de un tumor en sus pulmones, provocado por el bagazo.

¡NI PERDÓN NI RECONCILIACIÓN!
¡JUICIO Y A CASTIGO A TODOS LOS RESPONSABLES POLÍTICOS Y MATERIALES!

POR LA APARICIÓN DE MUJERES Y CHICOS SECUESTRADOS


Por la aparición de mujeres y chicos secuestrados

Bajo un cielo que amenazaba tormenta, unas 300 mujeres y jóvenes nos concentramos el 3/5, frente al Congreso, para exigir por segundo mes consecutivo la aparición con vida de las mujeres y los chicos secuestrados por las redes de tráfico. Para denunciar el enKubrimiento y la Komplicidad de los gobiernos, los jueces y las fuerzas de seguridad.
Hablaron miembros de la importante delegación de amigos y familiares de Otoño Uriarte llegada de El Bolsón; una compañera de Florencia Penacchi, la estudiante de Ciencias Económicas secuestrada hace dos años; Mariela Solesio por la Fuba, que organizó una campaña por la liberación de Florencia; la mamá de Marita Verón, que ya liberó un centenar de chicas esclavizadas en prostíbulos; Mercedes, la mamá del Boli, un chico “desaparecido” en una Comisaría de Vicente López; Margarita, la mamá de dos chicas asesinadas en Cromañón. Además de otras madres de víctimas del gatillo fácil, varias organizaciones de mujeres –entre ellas, la Casa del Encuentro y la Red No a la Trata– y el Plenario de Trabajadoras en el Partido Obrero, que en la voz de Vanina Biasi denunció la hipocresía de Aníbal Fernández cuando dijo que “el gobierno nacional no puede hacer nada” por respeto al federalismo.
Cada una denunció la complicidad policial; que los jueces caratulan las causas como “fuga” o “extravío” para bloquear la búsqueda –igual que en el caso de López– y favorecer una rápida prescripción; que los fiscales investigan a la víctima y a la familia.
En el caso de Otoño, hay grabadas conversaciones entre los rufianes y la comisaría, avisándoles que llegó una chica nueva “para fichar”. La madre de Marita dijo: “la fiscalía de Tucumán recibió muchísimo dinero de los tratantes para desviar todas las pistas que teníamos” (Página/12, 4/5). La mamá del chico “desaparecido” por la Bonaerense contó que estuvo secuestrada en un prostíbulo de Río Tercero en su juventud, y cómo se escapó. Esta mujer valiente develó un secreto de más de 20 años: jamás se había atrevido a contarlo.
Sólo en 2006 han desaparecido 460 mujeres (Página/12, 4/5). ¡Cuatrocientos sesenta! Para el gobierno se las tragó la tierra. No rescataron a nin-gu-na. Todas las causas judiciales surgen de denuncias de familiares o la prensa, fuga de víctimas o causas por otros delitos (narcotráfico, etc.). De los 49 casos juzgados entre 2002 y 2005, “sólo llegó a condena el 0,09%”. Sin embargo, la próspera industria de la prostitución exige una organización amplísima: quienes captan a las mujeres con engaños o las secuestran; las empresas de transporte que posibilitan “una intensa trata interna entre casi todas las provincias argentinas” y traen paraguayas, bolivianas, peruanas; los que proveen documentos para sacarlas del país; los prostíbulos, bares, saunas, piringundines ruteros y hoteles 5 estrellas; un ejército de matones; los abogados de los rufianes... La OIT dice que en la Argentina medio millón de personas “trabaja” para las redes. ¡El gobierno nunca encontró a nadie!
Este negocio “proporciona réditos enormes y se ubica en el tercer lugar mundial, después de la venta de armas y drogas; eso explica que sea tan difícil de erradicar” (La Nación, 7/4). Por una mujer se paga entre 100 y 5.000 pesos, según la zona, la edad y la apariencia, y puede dejar una ganancia neta de 13 mil dólares anuales. Un informe reciente de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) corrobora toda la experiencia de las familias: la trata “compromete todo el territorio argentino”; se apoya en la “connivencia policial y política” y en la “escasez de acciones orientadas a investigar y perseguir este delito”.
En las investigaciones judiciales aparecen implicados “en forma recurrente funcionarios públicos y políticos”. Se detectaron “prácticas que van desde la tolerancia omisiva hasta la activa protección de los tratantes por parte de miembros de fuerzas de seguridad”. Los reclutadores “gozan de vínculos directos con autoridades políticas, judiciales y policiales”. La impunidad es una pata indispensable y, bajo el paraguas del desarrollo turístico, el gobierno central y cada provincia alientan que las mujeres volvamos a la época de la Zwig Migdal.
El gobierno se jacta de que el Senado ya dio media sanción a un proyecto de ley para convertir la trata en un delito federal. Sin embargo, este proyecto exige que las mujeres adultas prueben que no dieron su consentimiento. ¡Como si alguien “consintiera” ser esclava, estar sometida a todas las violencias y vejaciones! Ahora pasó a Diputados, donde se eliminó esa aberración. Pero se mantiene la diferenciación entre víctimas menores y mayores. Y en el caso de las mayores, las penas estipuladas más parecen una absolución: “3 a 10 años de prisión y multa de 10 mil a 100 mil pesos, si el fin es el ejercicio de la prostitución u otras formas de uso y comercio sexual; o la realización de trabajos o servicio forzados”. Para los legisladores es mucho más grave robar un coche que robar una chica, violarla, drogarla y mantenerla prisionera. El Estado no sólo es el primer golpeador, también es el primer rufián. Ni un gramo de confianza en los gobiernos nacionales y provinciales.
La lucha por el desmantelamiento de las redes de rufianes, policías, jueces y el gobierno exige un plan de lucha nacional, que una a las mujeres de los barrios, a las trabajadoras, a las estudiantes, a la juventud, en una poderosa organización de autodefensa. Que se discuta en el próximo Encuentro de Mujeres. Tenemos que arrancar la imprescriptibilidad de las causas. Que se abran los libros de migraciones. Cárcel a los rufianes. Confiscación de sus bienes. Señalemos los prostíbulos barrio por barrio hasta que podamos rescatar a sus prisioneras.
(Publicado en el Nº 991 de Prensa Obrera)

Salirse y proseguir y proseguirse,
excederse la boca, desatarse,
irse a buscar al otro, conocerse,
derribarle el olvido, derribarse,
darle con la pasión en lo profundo,
nacer de su interior como una lágrima
porque esta mano sola queda sola
y esa mano no puede y esta sangre
no puede continuar, no encuentra el rumbo,
no alimenta su anchura y sus enjambres.

Penetraron lo lejos, germinales,
poseídos de historia y de sentido
y por cada palabra hubo un profeta, un árbol,
una piedra, hubo un martirio
de construirse en los hombres venideros,
proveerles la fe, ser contenido
de lo que fura siendo mientras tanto
que subían al rostro, al gusto, al tacto,
a la piel generosa, al gusto, al grito,
de lo que fuera siendo entre sollozos,
entre heridas rebeldes y caídas;
de lo que fuera viéndose de a poco
entre reconstrucciones y gemidos
porque había que hacerse de alegría,
de volteado desprecio, de estampidos
y esperar y esperemos mientras tanto
y amasarse en la vida y ser construidos
entretanto que vamos a lo lejos
tocándonos, sintiéndonos el ruido
de las transpiraciones incesantes
donde la vida esculpe su sonido.


( de Los Compadres del Horizone, Armando Tejada Gómez)